Cómo el silencio sobre las prioridades crea ruido
Los líderes suelen evitar ser explícitos sobre lo que más importa. Se siente como decir no a todo lo demás. Se percibe como algo restrictivo. Pero, en la práctica, ocurre lo contrario.
Sin claridad sobre las prioridades, los equipos tratan todo como urgente. Los proyectos compiten entre sí. Los recursos se dispersan. Las personas trabajan mucho, pero en direcciones distintas. Eso es lo que frena el impulso en las organizaciones pequeñas.
Quienes buscan avances reales en sus organizaciones entienden algo que otros suelen pasar por alto: nombrar explícitamente lo que más importa no limita a la organización. La enfoca. Da permiso para ignorar todo aquello que no está en la lista.
Esto exige dos cosas. Primero, rigor para identificar qué impulsa realmente el negocio. No lo que es agradable hacer, sino lo que importa para la supervivencia y el crecimiento. Segundo, la disposición a decir no a buenas ideas que no están conectadas con esas prioridades.
Cuando las prioridades están claras, la asignación de recursos se vuelve evidente. Cuando no lo están, aparecen iniciativas en competencia y trabajos a medio terminar.
La segunda parte es clave: el marco de prioridades debe comunicarse de forma regular. No una sola vez en un documento estratégico, sino de manera constante. Las personas lo olvidan. Se incorporan nuevos miembros al equipo. Y la presión por decir sí a todo vuelve a aparecer.
Nuestro enfoque de gestión del desempeño, basado en la disciplina PuMP, incorpora un ritmo regular para revisar si los equipos están alineados con las prioridades y si esas prioridades están generando resultados. Cuando surge desalineación, se hace visible rápidamente, en lugar de traducirse en seis meses de esfuerzo disperso.
La pregunta práctica es sencilla: si este trimestre solo pudiéramos hacer tres cosas, ¿cuáles serían? ¿Podría tu equipo responder de forma consistente? Si no es así, ahí está tu problema de prioridades.
